En nuestras ciudades ya existe un entramado vivo de asociaciones, cámaras, colegios y colectivos que sostienen el tejido social, aunque pocas veces lo miramos con conciencia. ¿Qué pasaría si, en lugar de competir o aislarnos, pensáramos cómo fortalecer esas instituciones y hacerlas más sólidas, más colaborativas, más influyentes en el bien común? Tal vez el siguiente paso no sea crear algo nuevo, sino robustecer lo que ya nos conecta. ¿Qué ideas tienes para que nuestras instituciones sean cada vez más fuertes?
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